¿Por qué somos del Sants? | Odio el fútbol moderno

Data: 13/01/2021

Font: Odio el fútbol moderno

Autor: Miquel Sanchis

Text:
¿Por qué somos del Sants?

Miquel Sanchis

Desde hace unos años, prácticamente cada día, pillo mi bici y me cruzo media Barcelona para ir a entrenar a las categorías inferiores de la Unió Esportiva de Sants. Desde entonces, cada lunes, mientras bajo el vasto carril de Passeig de Gracia, ruedo por Gran Via y cruzo la Zona Franca hasta llegar a los campos de entrenamiento de La Báscula, en mi cacumen siempre la misma pregunta ¿Por qué me habré hecho yo del Sants?

Igual son sus colores blanquiverdes, igual es su carácter familiar, su idiosincrasia currante y obrera, no sé el porqué he naufragado hasta allí, pero sé, de buen seguro, que mis compañeros, el resto de gente del club, y sobre todo los aficionados, se preguntan cada lunes ¿qué habremos hecho nosotros para merecer esto? Nos miramos, nos saludamos, pero no nos atrevimos a contar nuestro martirio. Un club de 99 años de historia sin campo propio, que a día de hoy navega sin remos por la Tercera División. Con toda la que está cayendo, se trata de un histórico más luchando por la supervivencia.

«Año nuevo, vida nueva«, pensé el domingo pasado, tiempo hostil, gris mañana, lluvia y charcos, promesas incumplidas (me abrí una lata de cerveza), mucho frío, y nada que hacer mejor que recogerme en Footters para ver el devenir de mi equipo. Cerveza en mano, nubes de invierno, mientras los futbolistas del más que centenario Club Esportiu Banyoles y de la gloriosa pisan el Municipal de Banyoles y van apareciendo en la pantalla de mi ordenador.

Los locales visten con su clásica indumentaria blanquiazul, y eso hace que el Sants se disfrace de cuervo, negro presagio. Pero los visitantes, quieren cambiar la dinámica perdedora de 2020, y salen presionando al rival, intentando jugar el esférico a pesar de las adversidades. Con el presupuesto más bajo de la categoría, esta temporada se ha apostado por cantera, cesiones, e incorporaciones de gente muy joven. El atrevimiento gusta, pero los resultados no acompañan y se anhela a la vieja guardia que abandonó el barco el pasado verano. Un futbolista, Alex Calatrava, se muestra inquieto desde el principio y crea peligro cada vez que se atreve a internarse entre la defensa del Banyoles. De sus botas salen las mejores acciones de la primera mitad de un partido que, poco a poco, se va enfriando y convirtiéndose en una sucesión de colgar balones al área. ¿Qué más necesitas en Tercera? un buen central y un buen punta, se juega en las áreas. Los primeros 45 minutos terminan con un empate a 0 que no interesa a nadie ya que ambos equipos luchan por salir de los últimos puestos; además, el Sants pierde a David Cura al borde del descanso por un choque fortuito. Con el capitán fuera de combate, el control de la nave será más difícil.

Y la segunda parte sale con un Banyoles más decidido y un Sants que se defiende, pero son los visitantes los que abren el marcador merced a un penalti transformado por Ot Serrano. A partir de ahí, el Sants monta un sistema defensivo para sacar los primeros 3 puntos de la temporada. La lucha es estoica, todo parece indicar que, al fin, el Sants va a conocer la victoria (ni me acuerdo de la última vez que lo hizo). Su portero, Uri Antonell, salta de palo a palo atajando los balones más imposibles, desesperando a los atacantes blanquiazules una acción sí, otra también. Pero en el minuto 90, en un córner botado sin aparente peligro, el balón termina introduciéndose en su portería. Doble mala fortuna, porque en esa jugada cae lesionado Juli, y el Sants, con todos los cambios hechos, debe afrontar el descuento de seis minutos en inferioridad numérica. Seis minutos se hicieron eternos en Banyoles, y las ganas de ganar de los locales se impuso al miedo a perder de los de negro. En el último segundo, como si estuviera escrito, Venzal puso el 2-1 definitivo.

Caballos con zuecos galopan por mis venas, demonios alados pellizcan mi cerebro, agujas de fuego se clavan en mis dientes, gusanos dentados devoran mis órganos vitales, la asfixia llega de pies a testículos y de testículos a oídos que zumban entre la impotencia y la rabia más absoluta. Casi reviento la pantalla.

Algún día alguna mente brillante tendrá la genial idea de rodar una serie como esa del Sunderland sobre lo que acontece en la Unió Esportiva de Sants en las vísperas de su centenario, algún día harán un anuncio donde un niño le pregunta a su padre «¿por qué somos del Sants?», algún día, no sé, algún día ganaremos un partido y nos saludaremos sonrientes mientras vamos sacando el material. Mientras tanto, otra semana de mierda en nuestra ya cotidiana tortura, el masoquismo parece adictivo y contagioso, este artículo debió salir publicado el martes a las 13h pero me quedé encerrado en pijama en la escalera con las llaves dentro de casa, luego me quemé con el café. ¿Por qué seré yo del Sants?